Género

Semana internacional contra el acoso callejero

Entre el 7 y el 14 Latinoamérica conmemora esta semana y en la Ciudad de Buenos Aires las mujeres no son ajenas a esta realidad y padecen el acoso de hombres que se creen con derechos de opinar sobre sus cuerpos como si fueran cosas.

El acoso verbal en las calles también es violencia de género.
El acoso verbal en las calles también es violencia de género.

La Semana internacional contra el acoso callejero busca concientizar a las mujeres sobre sus derechos y condenar cualquier muestra de violencia sexual en las calles.
Por eso se lleva adelante en América Latina, donde el acoso callejero, muestra del machismo reina pese a los avances de igualdad en el mundo y a lugares centrales que han logrado el sexo femenino. Por ejemplo hoy tenemos presidentas hoy en tres países de la región.
Las calles porteñas no son ajenas a esta realidad y miles de mujeres se ven a diario violentadas por comentarios o gestos que muchas veces son naturalizados por testigos y protagonistas pero que deben comenzar a ser condenados por toda la sociedad.

En la Ciudad se inició una campaña de afiches para concientizar que sostiene: “Si te incomoda leerlo, imaginate escucharlo”.
De esta manera invita al lector a ponerse en la piel de cualquier mujer que soporta todo tipo de comentarios por parte de desconocidos.

“La capucha y los auriculares son su escudo de cada día”, dice un afiche que llama la atención sobre cómo el acoso callejero condiciona la manera de vestir de mujeres y niñas; mientras otro muestra cómo este mismo tipo de agresiones las obliga a cambiar su recorrido o temer circular solas por las calles.

La iniciativa pertenece a la organización “Acción Respeto: por una calle libre de acoso”. Este proyecto es muy fuerte en las redes sociales, donde se contabilizan más de 50 iniciativas o campañas con más de diez mil seguidores en Facebook, por ejemplo.

“Desde edades tempranas todas las mujeres son objeto de este tipo de comentarios agresivos e intimidantes, prácticamente todos los días de su vida. Esa es la realidad de muchísimas mujeres en su vida diaria”, comenta Acción Respeto en su perfil de Facebook.

“Socialmente minimizamos estas agresiones por considerarlas parte de nuestra cultura, y así las mujeres se ven llevadas a tolerar esta violencia y naturalizarla; y las que se quejan son tildadas de exageradas, hasta de malagradecidas”, agregan.

El acoso callejero es definido por la especialista estadounidense Holly Kearl, como “las palabras y acciones no deseadas llevadas adelante por desconocidos en lugares públicos que están motivadas por el género e invaden el espacio físico y emocional de una persona de una manera irrespetuosa, rara, sorprendente, atemorizante, o insultante”.

Asimismo un estudio de 811 mujeres realizado en 2008 por Stop Street Harassment, casi una de cada cuatro niñas de 12 años habían experimentado acoso en la calle y casi el 90% de las de 19 años. La encuesta demostró además que, mientras las víctimas del acoso callejero son preferentemente las adolescentes y jóvenes de menos de 30 años, la probabilidad de que esto ocurra nunca desaparece a lo largo de la vida de una mujer.

La coordinadora de la filial argentina de la asociación internacional “Hollaback” contra el acoso callejero, Inti Tidball, explicó que esta práctica es una forma de “micromachismo”, entendido como “forma cotidiana y naturalizada” de tratar a la mujer como objeto.

Esta iniciativa nació en el 2011 en Perú conocida como ‘Paremos el acoso callejero’ fundada por la socióloga peruana Elizabeth Vallejo, y entre las actividades de la intención, se organizó junto a la organización estadounidense ‘Stop Street Harassment’ la denominada ‘Semana Internacional contra el acoso callejero’, celebrada en los primeros siete días de abril.

Posteriormente, la idea fue retomada en principio por países como Argentina, Venezuela, Bolivia, Chile, Colombia y Brasil, entre otros.

El asedio o acoso callejero se define como un conjunto de acciones cotidianas que incluyen frases, gestos, silbidos, sonidos de besos, tocamientos, masturbación pública, exhibicionismo, seguimientos (a pie o en auto), entre otras, con un manifiesto carácter sexual que perturban la tranquilidad de una mujer y hasta puede causarles daños psicológicos.