Sociedad

Pintarse la cara color esperanza

Durante la pandemia, enfermeras del Garrahan comenzaron a maquillar a pacientes graves, con más del 50 por ciento del cuerpo afectado, y así descubrieron que trataba de una herramienta de gran impacto terapéutico.

Enfermeras de la Unidad de Quemados del Hospital Garrahan comenzaron a realizar como estímulo maquillaje artístico a niños y niñas internados con el fin de potenciar y estimular su recuperación.

Se trata de una iniciativa que se puso en práctica de forma sistemática durante la pandemia debido al menor ingreso de pacientes. Así el equipo se organizó y pudieron dedicar más tiempo a esta herramienta terapéutica que estimula a los niños en el proceso de recuperación de las quemaduras.

Sandra Baspineiro, licenciada en Enfermería, con quince años de trabajo en el hospital explicó al respecto que “el maquillaje es un intermediario. Facilitó la comunicación, no solo con los niños, sino con los padres, los chicos se pueden expresar mejor y tienen confianza con uno y así es más fácil hacer estos procedimientos que son dolorosos”.

Desde la Unidad de Quemados del Garrahan destacan el trabajo en equipo que implica esta novedosa experiencia, ya que para que uno pueda pintar otros deben hacer el resto del trabajo. “Esa hora o dos que le dedicas al maquillaje, requiere que otros compañeros atiendan al resto de los pacientes. Para eso necesitamos la colaboración de todo el equipo: médicos, cirujanos y, especialmente, de las enfermeras”, dice Baspineiro.

Cabe destacar que la Unidad de Quemados del Hospital Garrahan cuenta con seis camas de terapia intensiva y ocho de terapia intermedia, y recibe niños y niñas de todo el país con más del 50 por ciento de la superficie corporal quemada, producto de incidentes o siniestros como incendios de viviendas, quemaduras eléctricas, con agua caliente, entre otras.

Allí trabaja un equipo interdisciplinario conformado por médicos cirujanos plásticos, generales, instrumentadoras quirúrgicas, enfermeras, personal de limpieza, alimentación, psicólogos y trabajadoras sociales, que llevan adelante una verdadera tarea en equipo.

Yisela Mendoza, jefa de Enfermería del sector explicó que “ésto comenzó hace tres años, ahora con más entusiasmo y apoyo. Una vez que salen de la terapia la recuperación es muy difícil y dolorosa. Tenemos que curar su cuerpo, la mente y el corazón. Lo que hizo este grupo de enfermeras de la Unidad de Quemados es pintar por una sonrisa”.

“Comenzaron pintando un día en el cumpleaños de uno, la máscara de Spiderman y a las nenas cosas que les gustaban con una gema en la carita y vos veías, ya no esos rostros tristes de haber perdido a un ser querido en un incendio. Entonces, lo que podemos hacer desde la Unidad es sacarles una sonrisa”, dice Mendoza.

Las quemaduras pueden dejar secuelas importantes e incluso poner en riesgo la vida. En Argentina, todos los días una niña o niño sufre quemaduras moderadas o de gravedad. El 95% de esas quemaduras se producen en el hogar: el lugar donde con medidas adecuadas pueden reducirse y prevenirse.

Las quemaduras en niños pueden ser intencionales o no intencionales. Las no intencionales o incidentes suceden frecuentemente en el hogar, en la cocina o el baño, en presencia de los padres. “Por eso es esencial trabajar en la prevención de estas lesiones, enseñando a la familia y los niños cuáles son los riesgos en estos ambientes, ya que el desconocimiento, la imprudencia y la negligencia es frecuente en este aspecto”, explica Mabel Villasboas, jefa de la Unidad de Quemados del Garrahan.

Ese sector atiende a alrededor de 150 pacientes al año, de los cuales aproximadamente un tercio son quemados graves y críticos. El fuego es la principal causa de los grandes quemados. Sin embargo, el 75% de las quemaduras en niños pequeños se deben a líquidos calientes, como bebidas, agua del grifo o vapor, y esta es la causa más frecuente de internación en niñas y niños.

En el proceso de recuperación de estos pacientes interviene un equipo multidisciplinario conformado por cirujanos, pediatras intensivistas, enfermeras, psicólogas y trabajadoras sociales. Se trata de tratamientos fundamentalmente clínico quirúrgicos, que pueden llevar hasta 10 ingresos al quirófano y durar meses y hasta más de un año, dependiendo de la edad, causa, extensión, profundidad y localización de la quemadura.

En ese sentido, Villasboas destacó “la importancia fundamental de la intervención de Enfermería, con la incorporación del maquillaje en la etapa de rehabilitación de las cicatrices”, dice y agrega que “ayuda a la superación en el proceso de adaptación y aceptación a su nuevo aspecto corporal, y facilita la pérdida del miedo a mostrarse y así emprender su más rápida reinserción al ámbito social con sus pares”.