Género

Las mujeres, la pandemia y la desigualdad

Un nuevo 8 de marzo encuentra al colectivo de mueres atravesando una nueva lucha, agravada por un marco de pandemia que sólo intensifica la desigualdad y la difícil situación que atraviesa en género.

Como en caso todos los aspectos, durante la Pandemia, la desigualdad de género también golpea a las mujeres en cuyos rubros laborales son protagonistas.

El año pasado, en pleno aislamiento, Unicef realizó una encuesta cuyos datos señalan que la mitad de las mujeres encuestadas se sintió sobrecargada por el cuidado de niños y niñas, la limpieza del hogar y la ayuda en tareas escolares. En este último ítem, quedó expuesto que en el 87 por ciento de los hogares fueron ellas las que se dedicaban. La conclusión de este relevamiento es que “durante el ASPO la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado se concentró en manos femeninas”.

Durante este periodo FUNDAMIND asistió a mujeres jefas de hogar cuya realidad fue muy vulnerable en este marco. Desde que comenzó el aislamiento, hace un año, FUNDAMIND entregó 200 toneladas de alimentos a familias de Balvanera y alrededores, que viven en situación de riesgo social, y más de cinco mil pares de zapatillas de primera marca a cuatro merenderos en CABA y tres en Chaco.

Además, las maestras del CPI mantuvieron contacto permanente con los chicos y sus adultos responsables, la mayoría de los cuales son mujeres jóvenes, algunas de ellas migrantes de países de la región, que viven y trabajan en condiciones de vulnerabilidad. La mitad de las familias asistidas son monoparentales con jefatura femenina.

Ricarda cocina todos los días para los 200 niños y niñas que asisten al Centro de Primera Infancia (CPI) de FUNDAMIND, ubicado en el barrio de Balvanera. Fue una de las tantas madres que llegó con sus hijos a FUNDAMIND en busca de contención en 2007, cuando comenzó a participar de talleres que ayudan a empoderar a mujeres que están en situación de vulnerabilidad y muchas veces deben llevar adelante solas el hogar. Además, es madre por seis y abuela por catorce. “Me siento feliz de saber que mis nietas viven en una etapa dónde van a poder cumplir sus sueños y metas”, afirma con orgullo.

“El rol de la mujer en el mundo actual cambió muchísimo a lo que era en mis tiempos, pero cambió para bien. Hoy en día los roles son compartidos entre el hombre y la mujer y eso hace que seamos capaces de demostrar que podemos hacer muchas cosas que otros nos impedían solo por el hecho de ser mujer”, nos cuenta Ricarda, de 69 años.

Hoy disfruta su trabajo y ama cocinar para todos los niños de la fundación. “A todos los siento un poco nietos míos”, comenta risueña. La pandemia la alejó temporalmente de la cocina por ser grupo de riesgo, pero espera con ansias retomar esa tarea y volver a asistir a los niños y a sus familias.

Por su parte, Marleni nació en Perú, es vendedora ambulante y vive con sus dos hijos, uno de los cuales egresó del CPI de FUNDAMIND en 2019 y la otra está en sala de 3. “Mi familia está lejos y yo la pasé muy mal el año pasado. Cuando quise trabajar incluso sufrí maltrato por parte de la Policía. No teníamos para comer. FUNDAMIND nos ayudó muchísimo.”

“La pandemia nos afectó a todas. Desde lo económico, en mi caso, porque se redujeron mis ingresos, mi hijo se quedó sin trabajo, y sin la ayuda de FUNDAMIND no hubiésemos sobrevivido”, comenta Yolanda, madre de tres adolescentes que también colabora con la fundación.

Acerca de la situación de la mujer en general, opina que la pandemia las puso en “un lugar más sensible”, dentro de un contexto de época donde la violencia por motivos de género es un flagelo. “Da mucha bronca que nos maten, nos violen, que haya abusos dentro de un hogar y muchas chicas no son escuchadas, las denuncias quedan en la nada. Necesitamos que se nos valore y se nos escuche, que se respeten nuestros derechos.” Sólo en los primeros dos meses del año, se registraron 47 femicidios, uno cada 30 horas.

Dentro del mercado laboral, los rubros más feminizados, como el de servicios sociales y tareas en casas particulares, fueron especialmente afectados por la pandemia. Otros con mayor presencia de mujeres, como la docencia y la salud, están muy expuestos al virus o bien con una gran sobrecarga laboral que se suma al trabajo en el hogar de cada una, donde también hay una desigualdad en su contra.

En efecto, en la familia recae el mayor cuidado de los niños, sobre todo en la primera infancia, y son las mujeres quienes asumen la mayor parte de este trabajo, según encuestas de uso del tiempo. Los hogares monoparentales crecieron del 9% del total de los hogares en 1991 al 13% en la actualidad. La mayoría son conducidos por mujeres.

De acuerdo con un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), gran parte de esos hogares tienen bajos ingresos, viven en condiciones precarias y enfrentan vulnerabilidades específicas en el contexto de la pandemia. Muchas de estas mujeres jefas de hogares monoparentales tienen que resolver solas –sin corresponsabilidad paterna o ayuda familiar– la mayor carga de cuidado, advirtió el estudio.

Es por eso que se vuelve clave la oferta institucionalizada de cuidados, ya sea en el sector público, privado y de la mano del tercer sector. En todo el país existen unos 3.800 espacios de cuidado y educación, donde transitan más de 250.000 niños y niñas de hasta cinco años. En CABA hay 76 centros de primera infancia gestionados por organizaciones que asisten a la población más vulnerable y ayudan a paliar la falta de vacantes en el sistema educativo en general. Este año, según el sistema de inscripción del GCBA, sólo fueron asignadas 18.384 vacantes, de las 37.945 vacantes solicitadas. Menos de la mitad.

La Cepal señala que “el acceso a servicios de cuidado infantil de adecuada calidad y de educación inicial y primaria de jornada completa facilita a las madres obtener mejores ingresos. La ausencia de estas opciones tiende en cambio a reproducir las desigualdades socioeconómicas y de género que conlleva la concentración del trabajo de cuidado en los hogares más pobres”.

Como se revela en los testimonios de las mujeres que trabajan o son asistidas en FUNDAMIND, la pandemia vino a sumar más complejidad a este escenario.

Marta es una de las maestras del CPI de FUNDAMIND. Pero antes que eso es una luchadora, que da todo por sus hijos y nietos y también por los de las demás familias que van a las salitas del jardín.

De hecho, antes de ser docente empezó a participar -allá por 2008- en las campañas de prevención de VIH que lleva adelante FUNDAMIND bajo la consigna No Más Chicos con Sida. “Salíamos a repartir volantes y preservativos. También ayudábamos con alimentos a las familias que los necesitaban. En 2012 comencé mi tarea como maestra pero nunca abandoné las tareas de voluntariado.”

El año pasado, en plena pandemia, Marta fue una de las trabajadoras de FUNDAMIND que se puso al hombro el armado y entrega de bolsones de alimentos, que se repartieron a muchas familias que quedaron en situación crítica por la merma de ingresos.

“Fue un año difícil. Vi a muchas mamás luchando con todas sus garras para sacar adelante a la familia, muchas mamás que están solas. Algunas se pusieron a hacer changas y con la ayuda que les dábamos pudieron sostener la alimentación de sus hijos. Hoy veo que siguen saliendo con sus hijos a vender. El otro día vía una mujer llevando una bolsa súper pesada con cosas para vender, que uno supone que tendría que llevar un hombre. Pero la mujer lo hace igual, porque es luchadora. Somos unas leonas capaces de cualquier cosa para sacar adelante a nuestra familia.”

Marta agrega que no solamente es la falta de trabajo y la dificultad para tener una vivienda lo que está afectando a las mujeres hoy en día. La violencia es sin dudas un flagelo que con el que hay que terminar.