Opinión

La muerte de un poeta

Su poema “Mi Buenos Aires querido”, que pretendemos sea el que en esta oportunidad concluya la información que tanto nos duele, pero que nos incita a pesar de todo, a continuar en la búsqueda de una sociedad cada vez más libre, más democrática, donde la igualdad sea mucho más que una palabra. Como Juan lo soñó.

Juan Gelman murió a los 83 años en México.

Juan Gelman

“… ¿para qué sirve un poeta?
Sirve para darnos vuelta al revés, mostrarnos que la poesía es una manera de vivir y de morir, nos hace saber que sobre el puente del daño, el poeta y la muerte se acometen…”

Isidoro Blaistein

Fue el martes, 14 de enero, en México, el sitio que él había elegido hace veinticinco años para vivir, y también desde donde partió al país de las sombras y el silencio. No obstante, Juan permanecerá en nosotros como el creador de un nuevo lenguaje poético y un hombre que, sobre el dolor inenarrable que lo persiguió a lo largo de su existencia, desde su aporte sin precedentes a la literatura nacional nos deja su imagen de un ser humano integral, comprometido hasta sus raíces con la causa de los crucificados.

Aún recordamos una tarde de otoño de 1975, cuando en una entidad bancaria, su Comisión Gremial Interna se solidarizó con los trabajadores de Villa Constitución, Santa Fe, avasallados por las fuerzas de la represión que prologaban así la tragedia en que nos hundió luego la dictadura en 1976. Y se concretó ese gesto solidario con un recital en la propia institución financiera, con la actuación desinteresada del grupo vocal “Folk 4” y la participación del músico Rodolfo Mederos con su bandoneón.

El aporte de Juan Gelman, sin él saberlo, estuvo dado por la lectura, como cierre, de su poema “Mi Buenos Aires querido”, que pretendemos sea el que en esta oportunidad concluya la información que tanto nos duele, pero que nos incita a pesar de todo, a continuar en la búsqueda de una sociedad cada vez más libre, más democrática, donde la igualdad sea mucho más que una palabra. Como Juan lo soñó.

Mi Buenos Aires querido
Sentado al borde de una silla desfondada,
mareado, enfermo, casi vivo,
escribo versos previamente llorados
por la ciudad donde nací.

Hay que atraparlos, también aquí
nacieron hijos dulces míos
que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.

Ni a irse ni a quedarse,
a resistir,
aunque es seguro
que habrá más penas y olvido (Juan Gelman)

 

Gerardo Codina

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